El Gran Chaco se convierte en laboratorio regional para medir la adaptación climática global

Se lanzó un piloto innovador de indicadores climáticos en territorios vulnerables

Fundación Gran Chaco (FGCH) y Argentina 1.5° iniciaron un trabajo conjunto para contribuir al testeo de 59 indicadores de Adaptación de Belém (BAI) aprobados en la COP30 bajo una perspectiva multinivel y multiescala de adaptación al cambio climático. Se trata de un trabajo desarrollado en la provincia Chaco en el sector ganadero presentados en la Conferencia de Bonn sobre el Cambio Climático (SB 64) de junio de 2026, parte de la sesión 64 de los Órganos Subsidiarios de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

“En la actualidad toda la región del Gran Chaco experimenta una tendencia sostenida al calentamiento global reflejado en el incremento de las temperaturas medias, mínimas y máximas, así como en una mayor frecuencia de olas de calor y noches tropicales, acompañada por una disminución de los días con heladas” de acuerdo a los lineamientos de los Sistemas Integrados de Cultivo, Ganadería y Bosques (ICLF, por sus siglas en inglés).

En este contexto, la experiencia de ganadería regenerativa en Chaco, impulsada por FGCH, fue seleccionada como actividad productiva para implementar el testeo de indicadores debido a su alta vulnerabilidad a las sequías y la pérdida de cobertura arbórea. Esta situación deja al sector expuesto a niveles extremos de radiación solar. La infraestructura hídrica compuesta principalmente por reservorios superficiales y pozos poco profundos, también es sensible a estos efectos dejando una escasez crítica de agua en períodos donde los animales presentan una mayor demanda biológica de este recurso.

Con este trabajo la región del Gran Chaco se posiciona como un territorio pionero en la construcción de nuevos sistemas de medición y gobernanza de la adaptación climática. Este piloto no solo aporta evidencia técnica, sino que abre una discusión estratégica sobre cómo se diseña, mide y financia la resiliencia climática a nivel global.

El ejercicio propone un cambio de paradigma en la forma en que se construyen los sistemas de reporte climático global, el estudio demuestra que los marcos internacionales de adaptación deben enriquecerse mediante la validación subnacional y territorial, donde los datos y la evidencia emergen desde las comunidades con modelos estratégicos de adaptación.

Una de las medidas analizadas, apunta a  incorporar 500.000 hectáreas a MBGI, sistemas integrados de ganadería y bosques, generando 4.000 nuevos empleos, con metas específicas de inclusión para mujeres, pueblos indígenas y juventudes como también la gestión sostenible de pastizales y humedales, transformando 2,3 millones de hectáreas, y sostener 2 millones de cabezas de ganado.

Este avance no solo representa indicadores desde una perspectiva territorial, sino un hito piloto pionero global ubicando a la Argentina como laboratorio de implementación real de los Indicadores de Adaptación de Belém (BAI). “La adaptación al cambio climático no puede medirse sólo a través de compromisos globales. También debe ponerse a prueba allí donde el cambio climático ya está transformando los medios de vida” explica Agustin Noriega, director de Fundación Gran Chaco.

Esto pone en evidencia a nivel global que sin territorio no hay medición real de adaptación que necesitamos del conocimiento local, la gobernanza indígena, la igualdad de género y la participación comunitaria.

Para lograr y avanzar hacia el cumplimiento del Acuerdo de París y esta metodología estableció 6 metas estructuradas como la evaluación de impactos, vulnerabilidad y riesgos; planificación; implementación; y sistemas de monitoreo, evaluación y aprendizaje abordando sectores como agua, salud, alimentación y agricultura, patrimonio cultural, pobreza y medios de vida, infraestructura y asentamientos humanos, y ecosistemas y biodiversidad.

“Hace más 10 años, desde Redes Chaco impulsamos proyectos transfronterizos cuya finalidad es la adaptación al cambio climático, por el nivel de vulnerabilidad del territorio chaqueño, es por ello que mecanismos como éste se convierten en herramientas para contar con indicadores reales que nos ayuden a verificar el impacto de las iniciativas de adaptación y cómo están contribuyendo a la resiliencia climática” comenta Pablo Frere ex secretario ejecutivo de Redes Chaco.

En este sentido, el estudio revela por ejemplo, que la medida de adaptación propuesta para encarar el aumento en la frecuencia de períodos secos extremos y prolongados que han alcanzado umbrales críticos de 60, 100 y hasta 150 días consecutivos sin lluvia, es el desarrollo de un sistema de cosecha de agua para abastecer con 26,9 millones de metros cúbicos de agua segura a 2.250.000 personas en toda la región hacia 2030.

Por otra parte, la estrategia de regularización de donimial (tenencia de tierras) busca formalizar 4.000 propiedades rurales, abordando una de las principales barreras estructurales para la adaptación climática, propuesta planteada desde el enfoque provincial de REDD+ que permitirá proteger 2,5 millones de hectáreas de bosque nativo y generar 500 empleos verdes.

Con más de 25 años de trabajo en territorio la Fundación Gran Chaco continúa promoviendo y acompañando la conformación de organizaciones locales de productoras y productores, indígenas y criollas, con especial foco en las mujeres y las juventudes fortaleciendo su capacidad para generar valor económico, cultural, social y ambiental. Hoy junto a Argentina 1.5°, este espacio colaborativo de investigación y activismo centrado en la emergencia climática ha trabajado en el “Testeo De los Indicadores de Adaptación de Belém en la provincia del Chaco, Argentina. Lecciones aprendidas de un ejercicio multiescalar.”