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El presente documento fue elaborado por miembros del Consejo de Redes Chaco

El Gran Chaco Americano, aún antes de la pandemia, ya contaba con condiciones muy adversas en términos sociales, económicos y ambientales, evidenciándose, además, una situación de marginación respecto a los centros políticos de decisión y una escasa presencia de cooperación internacional.

Así, en la región ya eran recurrentes los casos de mortalidad infantil por desnutrición y falta de agua potable, especialmente en poblaciones originarias. El dengue es ya una condición con la que se tiene que vivir y anualmente los casos crecen de manera exponencial. Todo ello en un contexto de ausencia de infraestructura, largas distancias y falta de conectividad para la atención de emergencias. Igualmente, en la época de lluvias se presentan inundaciones por desbordes naturales de los ríos Pilcomayo y Bermejo, mientras otras zonas viven sequías que afectan la agricultura y la sobrevivencia de los animales, principal sustento de muchas de las familias del Gran Chaco.

Este, en grandes líneas, es el contexto al que se suman en estos días los complejos desafíos ligados a la pandemia producida por el COVID19. Es verdad que, en la región, salvo algunas ciudades intermedias, el virus no se ha instalado masivamente en las comunidades y si las medidas de aislamiento y protección se respetan, se podrá ganar un tiempo precioso para fortalecer la resiliencia de las poblaciones, especialmente las más vulnerables. Sin embargo, estas medidas tienen un alto costo económico y social que está afectando a las familias y agudizando su estado de indefección.

Si bien se superó, en gran medida, una primera etapa de ausencia de información en torno a medidas de seguridad frente a la pandemia, sobre todo la dirigida a población indígena que no estaba siendo traducida a los idiomas nativos, persiste una situación de incertidumbre y temor hacia el futuro, especialmente debido a deficiencias crónicas en el sistema de salud, pues las Postas Sanitarias no están provistas de insumos básicos para enfrentar casos de COVID19 y el personal es escaso y no está calificado para esta emergencia.

En el ámbito rural, la provisión de alimentos frescos producidos en las comunidades de alguna manera está presente, pero si es patente la falta de acceso a alimentos complementarios como legumbres, semillas, frutas, hortalizas, azúcar y otros esenciales que no se producen en la zona y que ya están siendo objeto de escases y especulación en sus precios. Esta situación se acrecienta debido a la falta de acceso a recursos financieros ante la limitación de actividades de comercialización tradicional de productos e igualmente por dificultades de las comunidades indígenas, especialmente, para acceder a paquetes de ayuda gubernamental, debido, principalmente, al aislamiento, limitaciones logísticas, dispersión de viviendas e información censal no actualizada.

Los sistemas de ayuda estatal se centran en el COVID19 y puntualmente con carácter de ayuda humanitaria, sin embargo, diversos planes y acciones en sanidad animal o acompañamiento a las familias en temas de salud y educación, han quedado desactivados y la valiosa ayuda y asistencia al desarrollo prestado por ONGs e Iglesias están prácticamente paralizados.

La actividad escolar está en suspenso y si bien en el área urbana los comedores siguen funcionando no es tan así en las escuelas rurales donde, en no pocas familias, esa es la comida principal de los niños y las niñas de comunidades rurales, indígenas y campesinas.

Lamentablemente, en estos días, se está viviendo un incremento alarmante de casos de violencia sobre mujeres, adolescentes y niñas. Eso a causa de tener que convivir de manera forzada con agresores y el relajamiento de controles y reducción en la disponibilidad de ayuda por parte de unidades públicas que tratan temas de violencia debido a las prioridades de la emergencia.

La situación de frontera, una característica central en el Chaco trinacional, también genera diversas tensiones: limita el libre tránsito, lo que a su vez ha ocasionado que personas que, por razones de salud o trabajadores temporarios, quedaran varados en Argentina o dificultades de abastecimiento de productos que tradicionalmente provienen de ese país.

Sin embargo, a pesar de este preocupante contexto, diversas organizaciones de la sociedad civil, muchas de ellas agrupadas en Redes Chaco, han desarrollado una serie de acciones que es importante resaltar, pues es un indicador de que actuando de manera colaborativa se pueden mitigar impactos de la pandemia. Entre estas iniciativas se destacan:

  • Facilitar los medios tecnológicos y la asistencia para que las poblaciones rurales accedan a beneficios estatales que requerían trámites en línea. Muchos sitios necesitan conectividad.
  • Facilitar contactos entre donantes y poblaciones para asegurar la llegada de ayudas.
  • Adecuar los mensajes de prevención a la realidad rural donde, solo como ejemplo, llegan mensajes de lavarse las manos frecuentemente en sitios donde no la tienen para beber. En esta línea seguimos tras los programas que multipliquen las obras de provisión de agua para familias y la pequeña producción familiar que requiere de obras que superan las capacidades de los programas estatales.

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