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Así es el área protegida más afectada por los incendios en Bolivia; se hizo todo lo posible y un poco más, pero evidentemente esto no fue suficiente, el fuego avanzó y llego a muchos lugares que nunca antes, al menos en la historia reciente habían sido quemados; ni el radar del Supertanker pudo detectar a tiempo la magnitud de la catástrofe en el Ñembi Guasu que sin duda se hubiese podido atenuar con alguna ayuda, la condición de ser un Área Protegida Indígena y recientemente creada, hizo que muchos no la conozcan y probablemente, otros no la quisieron ver.

En diferentes contextos geográficos existen múltiples factores que configuran un patrón de relación directa, entre los pueblos indígenas, la pobreza y la marginación; siendo una característica común, su situación de desventaja en relación a otros grupos de la sociedad.

Esta situación parece también trasladarse al Ñembi Guasu, la segunda área de conservación más grande del Gran Chaco Americano, con 1.204.635 hectáreas, la primera en Bolivia creada por una Autonomía Indígena, de acuerdo a su estatuto y facultad legislativa; convirtiéndose de esta manera en un área de conservación de fundamental importancia para toda la ecorregión Chaqueña pues, sumado a los Parques Nacionales Kaa Iya y Otuquis con quienes colinda, configura un gran espacio continuo de conservación, fundamental para la sobrevivencia de especies como el Jaguar. Este dato cobra mayor importancia en la actual coyuntura de la expansión descontrolada de la industria ganadera en el Gran Chaco, que se está tornando en un crimen histórico sobre este lugar único en el planeta.

En efecto, esta área creada hace apenas unos 4 meses, es la mayor expresión para Bolivia, y seguramente gran parte de la región, de la conservación desde la visión indígena, pues el pueblo Guaraní de Charagua, no obstante ya albergar en su territorio el Parque Nacional más grande de Bolivia, decidió apostar por la creación de esta nueva área, que además se constituye en el hábitat vital para otro pueblo indígena, en este caso, un grupo del pueblo ayoreo que aún vive sin contacto con la civilización occidental, siendo el único pueblo no contactado que aún vive en aislamiento voluntario en nuestro continente, por fuera de la Amazonía

Sin embargo la escasez de recursos con que el GAIOC, Gobierno Autónomo Indígena de Charagua, maneja todo su territorio, es tan aguda, que ni siquiera pueden atender las necesidades básicas de su población, relacionadas con salud y educación; mucho menos pensar en destinar dinero, que no lo tienen, para encarar la desafiante gestión de este extenso territorio que requiere de guardaparques, investigadores y técnicos que trabajen con la escasa población local, para ayudar a mejorar sus condiciones de vida.

Esta área ha tenido un tremendo bautizo de fuego, ha sido afectada en unas 400.000 hectáreas, nada menos que un 30 % de su superficie, por lo que se ve obligada a enfrentar un gran desafío para poder sobrevivir y consolidarse como un espacio vital, no solo para la flora y fauna, sino también y fundamentalmente para ese pequeño grupo de indígenas que sin saber qué es lo que pasa más allá de su hogar que es el propio boque, tienen que lidiar con las consecuencias más brutales que deja atrás la devastación del fuego, de los asentamientos de nuevas comunidades sin ninguna planificación y de la expansión de la frontera agropecuaria.

Lamentablemente el flagelo hacia el Ñembi Gausu, parece estar lejos de terminar pues en días recientes, pudimos comprobar que, si bien los fuegos se encontraban apagados, dos tractores se estaban abriendo una brecha de manera innecesaria e inexplicable, sobre las áreas que fueron azotadas por el fuego, con un ancho de unos 20 metros… cual es el objetivo?? Difícil de encontrar una explicación lógica.

Ahora toca imaginar e implementar las mejores medidas post incendio; definitivamente es un total desvarió pensar que vamos a poder “reforestar” miles y millones de hectáreas quemadas en Bolivia, un millón de árboles no alcanzaría para más de mil hectáreas, aun asumiendo que ni un solo plantin se seque y todos se vuelvan árboles; entonces, reforestar solo un millón de hectáreas que es apenas el 20% de la superficie quemada, demandaría nada menos que unos mil millones de arboles. Lo que se tiene que hacer es profundizar las acciones que ayuden a que la naturaleza se regenere sola, no es que necesita nuestra ayuda, con que no sigamos dañándola es suficiente; la naturaleza estuvo, y pudo sola, miles de millones de años antes de que aparezca el Homo sapiens en la faz de la tierra y seguirá por mucho más tiempo después de nuestra desaparición como especie.

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